Desde que tengo memoria siento fascinación por las estrellas, el cosmos, el ocultismo y lo esotérico. Crecí en una familia matriarcal, donde siempre predominaron las buenas costumbres. Ahí recibí una formación católica que me llevó a una dualidad de creencias y
conflictos internos reflejados en mi obra.
A través de la misma, muestro un mundo que puede resultar extraño, ajeno, excluyente, que a su vez conmueve, involucra, existe. Podría conflictuar tu moral y tolerancia. La idealización de pertenencia, personajes y paisajes hace preguntarte dos veces lo que observas.
Me he enfocado principalmente en desnudo, retrato, paisaje y viajes. Hacer arte me resulta catártico, excitante, retador, espiritual y emocional. Mi trabajo es crudo y confrontativo. Las texturas, los detalles envueltos en misterio y obviedad, lo bello, horrible, abstracto, obvio, moral, amoral, tradicional, moderno, convergen en un solo sitio.