He enfocado mi trabajo en apropiarme de la estética de creaciones humanas dañadas o deterioradas, para contemplarla dentro del contexto artístico. Esta estética nos remite a la impermanencia a la que nos enfrentamos todo el tiempo. Todo está en un constante cambio. Todo crece, se aviva, brilla y también se deforma, se deteriora y se destruye. Esta estética está presente a nuestro alrededor y en nosotros mismos. No hay vida sin cambio. No hay cambio sin interacción. No hay interacción sin deterioro.