Busco crear imágenes que incomoden al espectador, lo saquen de su zona de confort y se cuestione los valores preestablecidos por la sociedad católica y heteropatriarcal que reina en México. Me interesa retratar la impermanencia de la existencia humana, recordar
que no somos simples objetos de consumo con un valor monetario y productivo. Que nuestra carne y espíritu significan y que el morir no es sólo ámbito de los hospitales; o que no sólo somos un potencial titular para un periódico amarillista; somos espíritu, somos emociones, somos carne y experiencias. Somos un mundo lleno de vida, somos humanos. En ello radica el valor de mi obra, en el recordarnos nuestra vulnerabilidad como humanos y no solo como objetos del capitalismo.