Mi trabajo se apoya en la “Muerte niña”, un fenómeno que nace de las artes y se da según los
registros históricos mayormente en México gracias a la influencia del cristianismo, en el cual, por
medio de la pintura y la fotografía se representa una particular relación con la iconografía funeraria
infantil. En este ritual, inocencia y pureza son las cualidades que se exaltan como necesarias para
una nueva existencia, cuando la muerte ejerce los dones de la intemporalidad sobre el infante la
memoria funciona como una especie de resurrección a través de la plástica usando al arte como
parte de una búsqueda de trascendencia vital.